Sin ser una semilla milagrosa, a la chía se le atribuyen numerosas propiedades medicinales y beneficios que tienen a muchos hablando de este alimento ancestral que hizo parte de la dieta de los aztecas y los mayas.

Y cómo no, si es una fuente rica de fibra, ácidos grasos Omega 3, calcio, proteínas, aminoácidos, antioxidantes y vitaminas B1 B2 y B3. También, de minerales como el boro, magnesio, magnesio, hierro, potasio, cobre, zinc y fósforo.

Todos estos son nutrientes que benefician a tu cuerpo de diferentes maneras. Por ejemplo, las semillas de chía aportan energía al cuerpo para resistir sin problema jornadas extenuantes o la actividad física, gracias al potasio y a las proteínas.

El Omega 3 que aporta esta semilla favorece el sistema inmunológico y nervioso, los procesos fisiológicos y beneficia la salud cardiovascular. También ayuda a la retina y actúa como antiinflamatorio cuando se lesiona algún tejido.

Su contenido de fibra puede ayudar a bajar de peso ya que se mejora el sistema digestivo y hay mayor una sensación de saciedad.

Al absorber entre 10 y 12 veces su peso en agua, la chía te mantiene hidratado. Además, su aporte de antioxidantes reduce el envejecimiento de la piel, protege al organismo de los daños causados por los radicales libres y evita la oxidación celular.

Las semillas de chía te pueden ayudar a controlar los niveles de azúcar en la sangre.

Sin embargo, a pesar de ser baja en grasas saturadas y ser libre de gluten se debe controlar su consumo. En 100 gramos de semillas de chía hay alrededor de 500 calorías.

La mayoría prefiere consumir las semillas de chía al desayuno, pero gracias a  que no tienen olor ni sabor, se pueden incluir en cualquier receta. Prepara batidos, salsas, postres, ensaladas, cremas, arroz e incluso panes. O cómelas crudas si las mezclas con yogur, zumo, leche de almendras o agua.

Lo ideal es que consumas máximo dos cucharadas soperas de semillas de chía por día.

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