En el mundo existen muchas delicias gastronómicas para disfrutar. Algunos alimentos cuentan con características organolépticas propias de su procedencia, que dan como resultado sabores y texturas muy diferentes.

Un ejemplo de esto son los quesos y las cervezas. Los quesos se elaboran con leche, pero dependiendo de la procedencia de esta, de la maduración, de la temperatura y de otros factores determinan la característica final del producto, pero aligual son resultados diferentes a partir de leche. Por su parte la cerveza siempre tiene cebada, malta, lúpulo, levaduras y agua, pero siempre el resultado es distinto. ¡Qué maravillosa es la gastronomía y la naturaleza!

Pues bien, hoy el tema no es como se elabora cada uno, a fin de cuentas ya los dos productos los encontramos listos para consumir, pero, ¿cómo combinarlos y comerlos?
Indiscutiblemente hay una regla básica en cuestiones de maridaje. La regla: no existen reglas, cada uno marida como quiere, hay algunos que maridan cervezas con notas muy tostadas y quesos muy suaves, personalmente no me gusta ese maridaje, pero como dice el viejo adagio, entre gustos no hay disgustos.

Si por el contrario no tienes idea de cómo hacer este ejercicio, recomiendo que probar cervezas suaves con quesos suaves, por ejemplo una tipo lager (suave y refrescante) con queso cheddar o gouda, y una cerveza negra por ejemplo con un roquefort. 

Te invito a probar las diferentes combinaciones que hay entre estos dos maravillosos productos, nunca te cansaras de hacerlo.

Buen apetito. 

 

Juan David Montoya.