Chocolates, dulces y galletas… con tan solo nombrarlos llegan a tu mente diferentes sabores y presentaciones, y al mismo tiempo un “leve” sentimiento de culpa por no resistirte a consumirlos de vez en cuando. No por esto, debes dejar de hacerlo; la clave está en identificar los momentos para deleitarte con sus encantos.

Los carbohidratos son la principal fuente de energía para nuestro cuerpo, estos se dividen en tres grupos: los carbohidratos simples (azúcar o energía que se absorbe rápidamente), los carbohidratos complejos (aquellos que ofrecen energía de larga duración para el día, como por ejemplo la papa, el arroz y el pan) y los carbohidratos de fibra (vegetales).

Es fundamental incluirlos dentro de la dieta diaria, porque la eliminación de estos hace que el metabolismo se desacelere, corra lento, queme menos calorías y por ende, no se pierda peso.

Todo es válido en la mañana

Consumir carbohidratos y dulces en la mañana no afecta nuestro organismo y mucho menos nos va a engordar, pues en esta parte del día la insulina se eleva, introduce la glucosa a los músculos, aumenta la energía y no la grasa de reserva. De ahí que ingerir estos alimentos en la mañana incrementa la serotonina cerebral y previene la ansiedad por el dulce en horas de la tarde.

Mientras que en la noche, el organismo responde menos a la acción de la insulina; por esta razón si se consumen harinas y dulces, se bloquea la transferencia de los azúcares a los músculos, por lo tanto pasan al tejido adiposo.

Otras alternativas

Los expertos también afirman que la hora ideal para consumir carbohidratos está condicionada por la actividad física que realicemos; es decir, en cuanto más calorías quememos, necesitaremos consumir una mayor cantidad de carbohidratos, dado que el músculo está vacío y captará todo el azúcar que se ingiera para almacenarlo en forma de glucógeno.

Una recomendación…

Intenta no consumir carbohidratos complejos después de las 6:00 p.m. y por lo menos, 4 horas antes de irte a dormir.