A lo largo de nuestra vida empleamos la carne para degustar su textura, sabor y aromas. Esto nos transporta a lugares y recuerdos en donde la carne es la protagonista.

Desayunar un Bistec a Caballo a la hora de desayunar es uno de los mejores recuerdos de mi infancia. Esto se trata de un corte magro de Chatas sellado en una sartén, cocinado a una temperatura media, para luego consumirlo en el término de su preferencia. Adicional a esto se debe realizar un hogao con tomates Chontos y cebolla larga condimentado a su gusto. Pero lo que hace este plato inconfundible es el huevo frito que reposa en su superficie y a mi parecer, que la yema este líquida.

Es probable que a la hora del almuerzo la carne tenga más protagonismo. Por ejemplo tenemos el Filet Mignon, clásico de la gastronomía francesa. Se trata de un medallón de lomo de res envuelto en tocineta ahumada. Sentir cómo la tocineta lleva su sabor y su textura a la carne, cocinándola en sus propios jugos es algo que solo los que amamos la carne conocemos su verdadero significado.

Pero llegando la hora de la cena, aquel momento tan especial y ceremonioso, hace aparición una suculenta preparación. El Roast Beef. Una de las insignias de la gastronomía británica. Una jugosa posta de Punta de Anca, sellada por cada uno de sus lados, pero con una cocción muy lenta y precisa, que hace que encontremos un centro tierno y jugoso, y en su superficie, una impecable costra de sal y pimienta, esa que siempre nos hace pensar en querer un trozo más.

Simplemente, para muchos de nosotros la carne está en nuestras vidas, en nuestras emociones y en nuestra cotidianidad. En este mundo gastronómico que gira y gira, puedo asegurarles que mi mundo, gira alrededor de la carne.

Jorge Villamil