Alrededor del té se tejen diferentes historias, una de ellas habla sobre su origen, producto de una afortunada casualidad, cuando el emperador chino Sheng Nung dormía bajo un árbol y cayeron varias hojas en el recipiente donde él hervía agua.

Desde entonces han pasado miles de años y con el tiempo esta bebida ancestral ha tomado fuerza. Hasta hoy ha cruzado varias fronteras y cada vez su consumo se hace más popular. Pero, ¿qué tanto sabemos del té?, sin duda para los amantes de esta bebida, tomarla es todo un ritual. Una tradición adoptada de los asiáticos que lo consumen para favorecer su estado físico y mental.

Y es que el té tiene diferentes beneficios para la salud. En general retrasa el envejecimiento, reduce el colesterol, disminuye la ansiedad por la comida y potencializa el sistema inmunológico, entre otros. Pero cada tipo de té tiene sus propiedades. El té verde, por ejemplo, tiene propiedades diuréticas. Además, evita la retención de líquidos, favorece la digestión, retrasa el envejecimiento y favorece la piel, las uñas y el cabello.

El té rojo, cuenta con antioxidantes que benefician la salud de sus consumidores. Asimismo, ayuda a perder peso y prevenir enfermedades mortales como el cáncer. En cuanto al té negro, uno de los más consumidos en el mundo; aporta energía, alivia los dolores de cabeza, mengua la sensación de agotamiento y previene las enfermedades cardiovasculares.

El té blanco conocido por ser un antioxidante, al igual que el verde retrasa el envejecimiento. También alivia los dolores de las personas con artritis, aumenta las defensas y potencializa la mente. Y el azul, que aporta vitaminas y minerales esenciales para el buen funcionamiento del organismo, mejora el sistema inmunológico, disminuye el colesterol, ayuda a eliminar la grasa y reducir la tensión arterial.

¿Cómo preparar té?

Como pasa con otras bebidas y alimentos, la forma de preparar el té es definitiva si queremos aprovechar su sabor y propiedades. Para no echar a perder sus beneficios utiliza agua filtrada o mineral. Retírala del fuego antes de que hierva y viértela en la taza lentamente. El tiempo de infusión también es vital. Si esperas demasiado, al probarlo su sabor se tornará amargo.