Lograr la combinación ideal entre un plato de comida y una copa de vino es posible gracias al maridaje, un proceso que realza lo mejor de los sabores de ambos.

Lo primero que debes tener en cuenta es que la comida y el vino son complementos, así que no los veas de manera aislada. Es bastante sencillo: si al tener un plato y una copa de vino al frente percibes una armonía en sus olores, es porque ese maridaje funciona.

Según el tipo de vino

Vino tinto: son ideales para acompañar las carnes rojas y los quesos madurados.

Vino blanco: es perfecto para maridar todo lo que sea comida de mar y aperitivos fríos como las aceitunas o los frutos secos.

Vino rosado: acompaña muy bien a los quesos suaves y carnes como el pavo, además de la comida japonesa y las ensaladas.

Cavas: sirven para maridar carpaccios de pescado.

Champagne: combina bastante con la cocina Thai.

Para tener en cuenta

El perfil aromático y los sabores del vino: identifica y sigue las etapas de degustación a través de los sentidos (vista, olfato y gusto) e identifica sus notas características, que pueden ser cítricas, tropicales, florales, de especias, entre otras. El truco es que sirvas el vino con un plato acorde a estas propiedades para encontrar un balance.

Maridaje dulce: elige un vino más dulce que el postre ya que, estos alimentos hacen que las notas frutales de los vinos no sean tan fáciles de identificar

Para la comida picante: opta por un vino dulce pero, si lo que quieres es sentir acidez en la boca puedes optar por un vino tinto.

No hagas maridajes de comidas amargas con vino amargo: nuestro paladar es muy sensible a estos sabores y si exageras lo más probable es que termines dejándolos a un lado.

El vino debe ser más agrio: un vino con mayor acidez que la comida hace que el maridaje quede justo en su punto.