Sin lugar a duda, uno de los oficios más lindos que la especie humana a desarrollado por tener que subsistir se llama cocinar, algunos se hacen llamar chefs, otros cocineros; los primeros porque estudiaron, creen que saben mucho o tiene un cargo importante, los segundos por darse ínfulas de humildes andan replicando a los cuatro vientos: no me diga chef que yo soy cocinero. Basta manera de gastar el tiempo, el que deberíamos estar usando para investigar, leer, tratar de mejorar las técnicas, enseñar o simplemente cocinar. 

Hay una lista de cosas, no muy larga, que debemos tener en cuenta cuando estamos metidos en esto de los fogones, no hay que ser chef, ni cocinero, esto aplica para todos los que nos mueven los ingredientes, que le preparan el desayuno a sus hijos para ir al colegio, que el domingo hacen el almuerzo, que asan carne los sábados para los amigos. Etc.

  • Primero: debemos aprender es que la cocina es infinita, siempre hay algo más que aprender después de cada plato y cada ingrediente.
     
  • Segundo: no hay espacio para cansarse, tiene que ser el amor tan profundo por este oficio que no puedes pensar en el cansancio, las jornadas son largas, de pie y cuando las cosas no te salen como quieres la frustración es aún más devastadora. 
     
  • Tercero: no tienes que comer de todo, pero si aprender a probar de todo, tu paladar necesita enviar información constante al cerebro, recuerda, hay que probar. 
     
  • Cuarto: deje un espacio para la humildad, no sea como muchos que cuando hacen algo muy rico,  levitan, hay que tener los pies en tierra firme. 
     
  • Quinto: siempre traté de resaltar su cocina, eso no significa que no pueda aprender y hacer cocina de otras partes. 
     
  • Sexto: intente hacer las cosas perfectas, no bien, aclaró: PERFECTAS. 

Podrían ser mil mandamientos, pero con esto basta, el día que aprendamos, “me incluyo", estas sencillas cosas seremos sin lugar a dudas muy buenos cocineros, o chefs, no importa el título, importa es lo que va por dentro. 

¡Buen apetito!